El puerto fluvial de Corduba, infraestructura, desarrollo y comercio a través de los conjuntos anfóricos y cerámicos

Enrique León Pastor

El Guadalquivir, la principal arteria que riega las riberas de la región andaluza, ocupó en épocas pretéritas un papel fundamental en la economía de los distintos núcleos urbanos que se disponen a lo largo de sus orillas. La capital de la Baetica constituye el primer eslabón de una gran cadena comercial desarrollada al amparo de este gran río, que sobrelleva un amplio desarrollo en obras de ingeniería y en la explotación del territorio, junto a un férreo control fiscal desempeñado por la administración pública del Imperio.

Córdoba debe gran parte de su importancia histórica al valor estratégico de su emplazamiento en las faldas de Sierra Morena y en la ribera del Guadalquivir. El enclave donde se configura el asentamiento humano aprovecha las mejores condiciones geográficas del entorno, marcadas en gran medida por su río. Por una parte, constituye una encrucijada de rutas de comunicación terrestres que confluyen en este punto. Si bien, los principales atractivos para el asentamiento humano en este preciso lugar lo constituyen, sin duda, el control de los vados, que permitían su cruce en los períodos de estiaje y la navegabilidad de sus aguas a partir de este tramo fluvial, por lo que resulta muy acertada la descripción de Córdoba como ciudad-puente.

La ausencia generalizada de intervenciones arqueológicas practicadas en el emplazamiento, donde tradicionalmente se ha ubicado el portus de Corduba y la notable transformación del frente meridional de la ciudad a lo largo del s. XX, obliga a realizar un ejercicio crítico que analice el contexto arqueológico de la zona y su evolución que, junto al tipo de navegación llevada a cabo y los productos comercializados, nos permita reconstruir la zona portuaria de la capital de la Baetica.

Durante el transcurso de época augustea y especialmente en el cambio de Era, Córdoba asiste a una serie de cambios estructurales y económicos que motivan una transformación de la ciudad, a nivel administrativo, como capital de la Bética; cultural, mediante el arribo de nuevas ideas y conceptos; edilicio, con nuevos programas arquitectónicos e iconográficos; económicos, gracias a la implantación de una sólida infraestructura de control y explotación económica del territorio adyacente; y sociales, mediante la llegada al poder de nuevas clases que ven una oportunidad de ascenso y consolidación de unos privilegios recientemente adquiridos. Este período de vicisitudes se evidencia en los contextos cerámicos cordubenses a través de un aumento paulatino de las producciones locales en nuestra ciudad, a la par que se produce un comercio más fluido de exportaciones en el marco del Mediterráneo occidental.

Las intervenciones practicadas en el entorno de la Puerta del Puente nos han permitido analizar ciertos complejos industriales que hasta finales del s. III d. C. están totalmente activos, así como la documentación de un conjunto de sellos anfóricos, recuperados en las tabernae, localizadas en los pórticos del foro tras la puerta triforia de Corduba

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